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Inquieta el avance de la terapia digital con IA

El uso de inteligencia artificial en la atención de la salud mental crece de forma acelerada. Mientras promete democratizar el acceso al apoyo psicológico, también abre un debate global sobre límites éticos, privacidad y el papel insustituible del acompañamiento humano.

La asistencia psicológica atraviesa una transformación profunda impulsada por la tecnología. Cada vez más personas recurren a chatbots y aplicaciones de inteligencia artificial como una alternativa —o complemento— a la terapia tradicional, una tendencia documentada por MIT Technology Review. El fenómeno surge en un contexto de crisis global de salud mental, donde los sistemas sanitarios enfrentan saturación y escasez de especialistas.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de mil millones de personas viven con alguna condición relacionada con la salud mental, con aumentos significativos en ansiedad y depresión, especialmente entre jóvenes. Plataformas basadas en IA, como OpenAI con ChatGPT, así como desarrollos de Anthropic y aplicaciones especializadas como Wysa o Woebot, han captado a millones de usuarios al ofrecer acompañamiento inmediato y sin estigmas.

No obstante, esta expansión también ha expuesto fallas, respuestas imprevisibles y casos que han despertado una fuerte preocupación pública.

El debate se intensifica al considerar la falta de marcos regulatorios equiparables a los que rigen la práctica clínica tradicional. Expertos advierten sobre la opacidad de los modelos de IA, la dificultad para auditar sus decisiones y el uso comercial de datos extremadamente sensibles. A ello se suma el riesgo de que la dependencia excesiva de estas herramientas debilite habilidades clínicas humanas y transforme la salud mental en un servicio mercantilizado.

Frente a este escenario, la discusión internacional apunta a un reto clave: equilibrar innovación, acceso y eficiencia tecnológica con la protección ética, la privacidad y la dimensión profundamente humana del cuidado psicológico.