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Hablar de depresión también es parte de la salud laboral

La depresión es un problema de salud global con impacto directo en las organizaciones, de ahí la importancia de explorar la relación entre trabajo y salud mental, identificar señales de alerta frecuentes en el entorno laboral y reflexionar sobre el papel del liderazgo y de la empresa como factores de protección.

Cada 13 de enero, el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión nos invita a detenernos y mirar un tema que con frecuencia no se quiere hablar. En el entorno laboral, la depresión no siempre se manifiesta de forma evidente, pero sí deja huellas profundas en las personas, en los equipos y en la sostenibilidad de las organizaciones.

Hablar de depresión desde la empresa no es invadir la vida personal de los colaboradores; es reconocer que la salud mental forma parte de la salud integral y que el trabajo —su ritmo, su cultura y su liderazgo— puede ser tanto un factor de protección como un factor de riesgo.

Depresión, un problema de salud global con impacto laboral

La depresión es una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 280 millones de personas viven con depresión en el mundo, y una proporción significativa de ellas se encuentra en edad laboral.

“La depresión es una de las principales causas de discapacidad en todo el mundo y contribuye de manera importante a la carga mundial de morbilidad”, indica la OMS.

En el trabajo, la depresión no solo afecta el bienestar individual. También impacta la concentración, la toma de decisiones, la energía, la interacción con otros y la capacidad de sostener el desempeño en el tiempo.

Depresión y trabajo: una relación más cercana de lo que parece

El trabajo no es la causa única de la depresión, pero sí puede influir en su aparición, agravamiento o detección tardía. Factores como la sobrecarga constante, la falta de control sobre el trabajo, el aislamiento, la presión prolongada o la ausencia de apoyo emocional crean entornos donde la salud mental se debilita.

La Organización Internacional del Trabajo reconoce que los riesgos psicosociales no gestionados están directamente relacionados con problemas de salud mental y pérdida de productividad. Cuando estos factores se normalizan, la depresión suele avanzar sin ser detectada.

Impactos de la depresión en las organizaciones

Desde una perspectiva organizacional, la depresión no atendida genera consecuencias que van más allá del ausentismo visible. Entre los impactos más frecuentes se encuentran:

  • Presentismo, es decir, personas que están físicamente presentes, pero con bajo rendimiento.

  • Errores y retrabajos, derivados de la falta de concentración.

  • Aumento de incapacidades y ausencias prolongadas.

  • Rotación no planificada, cuando la persona decide irse para proteger su salud.

  • Deterioro del clima laboral, afectando a otros miembros del equipo.

De acuerdo con la OCDE, los trastornos mentales representan un costo cercano al 4% del PIB en los países miembros, principalmente por ausentismo y presentismo. Esto confirma que la salud mental no es solo un tema humano, sino uno de los principales factores que afectan la productividad y la continuidad operativa de las empresas.

Señales de alerta en el entorno laboral

Uno de los mayores retos es que la depresión no siempre se manifiesta de forma evidente. Algunas señales que pueden aparecer en el trabajo incluyen:

  • Cambios notorios en el estado de ánimo o la energía.

  • Aislamiento progresivo o menor interacción con el equipo.

  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.

  • Irritabilidad o sensibilidad emocional elevada.

  • Descenso sostenido en el desempeño, sin causa aparente.

Detectar estas señales no implica diagnosticar, sino abrir espacios de escucha y acompañamiento oportuno.

El rol del liderazgo frente a la depresión laboral

El liderazgo tiene un papel determinante en la forma en que la depresión se vive —o se oculta— dentro de una organización. Líderes empáticos, informados y accesibles pueden convertirse en factores de protección.

Desde el liderazgo, algunas acciones clave son:

  • Normalizar la conversación sobre salud mental, sin estigmas.

  • Fomentar una cultura donde pedir ayuda no sea visto como debilidad.

  • Estar atentos a cambios sostenidos en el comportamiento del equipo.

  • Promover cargas de trabajo realistas y pausas de recuperación.

La Harvard Business Review ha señalado que los entornos psicológicamente seguros favorecen tanto la salud mental como el desempeño.

Qué pueden hacer las empresas desde una visión de salud laboral

Abordar la depresión desde la empresa no significa medicalizar emociones, sino crear sistemas de apoyo claros y accesibles. Algunas prácticas recomendadas incluyen:

  • Programas de detección temprana y prevención de riesgos psicosociales.

  • Acceso sencillo a atención psicológica o telepsicología.

  • Capacitación a líderes en salud mental y escucha activa.

  • Integrar la salud mental como parte de la estrategia de salud laboral, no como iniciativa aislada.

La OMS destaca que por cada dólar invertido en tratamiento de depresión y ansiedad, existe un retorno significativo en salud y productividad.

El Día Mundial de la Lucha contra la Depresión no es solo una fecha conmemorativa. Es un recordatorio de que la salud mental también se trabaja, se cuida y se gestiona desde las organizaciones.

💚 En Welbe entendemos que la salud mental y emocional no puede gestionarse desde la improvisación ni desde acciones aisladas. Forma parte de una visión integral de salud laboral, donde prevenir, detectar y acompañar es tan importante como cumplir con la normativa. 👉 Conoce más: www.welbecare.com