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La cuesta de enero contra el bienestar laboral, ¿qué hacer para minimizar su impacto?

La cuesta de enero no solo impacta el bolsillo: también influye en el bienestar emocional, la motivación y el desempeño de los equipos. Este artículo analiza cómo este periodo afecta a las personas en el trabajo y qué puede hacer Recursos Humanos para acompañar el inicio del año con un enfoque más humano, estratégico y sostenible, evitando desgaste temprano y fortaleciendo el clima laboral desde enero.

Enero marca el inicio de nuevos objetivos, planes y expectativas para las organizaciones. Sin embargo, también es un periodo que históricamente viene acompañado de una sensación colectiva de presión, cansancio y ajuste, conocida como la cuesta de enero. 

Aunque suele asociarse principalmente al impacto económico personal, desde Recursos Humanos es claro que este fenómeno también tiene una dimensión laboral y emocional que influye directamente en el desempeño, el clima y el bienestar de los equipos.

¿La cuesta de enero es real?

Sí, la cuesta de enero es real, pero no solo en términos financieros. Después de periodos de cierre de año intensos —con cargas altas de trabajo, presión por resultados, vacaciones fragmentadas o inexistentes— muchas personas regresan en enero con fatiga acumulada, preocupaciones económicas y una sensación de desajuste entre energía disponible y exigencias laborales.

Desde la perspectiva de RH, este fenómeno se manifiesta en señales claras: menor concentración, irritabilidad, desmotivación temporal, aumento de ausencias cortas o bajo engagement durante las primeras semanas del año. No es falta de compromiso; es un proceso natural de readaptación física y emocional.

Cómo afecta la cuesta de enero a los equipos de trabajo

El impacto no suele ser inmediato ni extremo, pero sí progresivo. Cuando no se reconoce, puede derivar en:

  • Disminución temporal del rendimiento, especialmente en tareas que requieren alta concentración.

  • Mayor sensibilidad emocional, que incrementa tensiones o conflictos menores.

  • Fatiga mental, que afecta la toma de decisiones y la creatividad.

  • Desconexión inicial con objetivos del año, cuando estos se presentan sin un periodo de ajuste.

Desde bienestar laboral, la clave está en entender que enero no es un “mes perdido”, sino un mes de transición. Pretender iniciar el año con la misma intensidad de un cierre trimestral suele ser contraproducente.

El rol de Recursos Humanos frente a este fenómeno

Recursos Humanos tiene una posición estratégica para amortiguar el impacto de la cuesta de enero. No se trata de reducir expectativas, sino de ajustar el ritmo y el enfoque con el que se inicia el año.

Algunas acciones clave desde RH incluyen:

  • Reconocer el contexto genera confianza.

  • Priorizar claridad sobre urgencia: definir objetivos, pero escalonarlos de forma realista.

  • Observar señales tempranas de desgaste, antes de que se traduzcan en ausentismo o rotación.

  • Acompañar a líderes para que gestionen a sus equipos con empatía y foco, no solo con presión.

Cuando RH lidera este enfoque, envía un mensaje claro: el desempeño importa, pero las personas también.

¿Qué pueden hacer las empresas para minimizar el impacto?

Minimizar el impacto de la cuesta de enero no requiere grandes inversiones, sino decisiones conscientes de gestión. Algunas prácticas efectivas son:

  • Arranques progresivos: permitir que las primeras semanas se enfoquen en planeación, organización y prioridades.

  • Espacios de escucha: check-ins breves con los equipos para entender cómo llegan al inicio del año.

  • Promoción activa del bienestar: recordar y facilitar el acceso a programas de salud, apoyo emocional o pausas activas.

  • Cargas de trabajo balanceadas: evitar concentrar proyectos críticos justo en las primeras semanas.

Estas acciones no reducen productividad; al contrario, previenen el desgaste temprano que suele cobrar factura meses después.

La cuesta de enero como lección para el bienestar laboral

Desde una mirada más amplia, la cuesta de enero deja aprendizajes valiosos para las organizaciones. Nos recuerda que el bienestar laboral no es un beneficio accesorio, sino un factor estructural del desempeño.

Las empresas que aprenden de este fenómeno entienden que:

  • La salud mental y emocional influye directamente en la productividad.

  • El rendimiento sostenible requiere ritmos humanos, no solo metas ambiciosas.

  • Prevenir el desgaste es más eficiente que corregirlo cuando ya se convirtió en ausentismo o rotación.

Enero actúa como un termómetro. Lo que ocurre en estas semanas suele anticipar cómo se sentirá la organización el resto del año.

La cuesta de enero no es un obstáculo inevitable, sino una señal. Una señal de que las personas necesitan tiempo, claridad y apoyo para volver a su mejor versión después de un cierre exigente.

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